El día que supe que no podía seguir viviendo dormido

El día que supe que no podía seguir viviendo dormido

Por La Luz de Vega

No fue una gran revelación. No hubo rayos, ni señales cósmicas. Solo un día me di cuenta de que algo no encajaba.

Mi hija, de cinco años, pidió permiso para ir al baño en el colegio. Y yo sentí un golpe seco en el pecho.
¿Cómo hemos normalizado que un ser humano tenga que pedir permiso para necesidades básicas?
¿Cómo hemos entregado nuestra libertad con una sonrisa y un gracias?

Mi esposa apenas ve a nuestra hija. Trabaja para pagar una casa. Yo duermo poco, y a veces cuanto menos duermo, mejor me siento. Porque cuando el cuerpo está cansado, el alma se rebela.
Y la mía lleva tiempo gritando: esto no es vida. Esto no puede ser todo.

Durante años pensé que era yo el raro. Que tenía que adaptarme, ser productivo, dar las gracias por vacaciones de 15 días y aceptar que así es el mundo.
Pero algo en mí —una voz, una vibración, una certeza— decía que no.
Esto es una trampa.

Hoy lo sé con claridad:
No quiero una vida consciente dentro del sistema.
Quiero salir. Quiero libertad. Tiempo. Seguridad familiar. Y despertar a otros.
Y todo empieza por aquí: por escribir. Por hablar en voz alta. Por encender la chispa.

No tengo todas las respuestas. Pero tengo la convicción.
Y mientras el mundo duerme… Vega brilla.

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